Diario: 17 de marzo de 2022

Hay días, semanas incluso, que me creo menos escritor porque no siento el más mínimo antojo de escribir. De hecho, durante esas temporadas, el solo hecho de pensar en escribir me amarga. Mi cerebro ha sido contaminado con la idea errónea de que únicamente aquellos que se dedican exclusivamente a una actividad, en práctica y pensamiento, son quienes realmente sienten vocación y pasión por lo que hacen o dicen amar. Si no estoy escribiendo todo el tiempo, entonces evidentemente soy una farsa con pies porque ¿cómo puedo decir que me gusta escribir si estoy viendo la primera temporada de Fleabag por octava vez en vez de estar creando mi versión de Fleabag?

Creo que heredé esa mentira del cine, otra de mis «pasiones». A menudo, las películas biográficas que ilustran la trayectoria de algún creador, de cualquier tipo, muestran al sujeto como un completo adicto a su arte. Alguien que solo sabe pensar, respirar, comer, tomar, transpirar y defecar su pasión. Ese clásico retrato del creador obsesivo me hace cuestionar la veracidad de mis amores, que son muchos y variados.

Me gustan muchas vainas y pienso en todas a la vez. Me gusta escribir, ver películas, caminar pensando o pensar caminando—Da igual. Me gusta conocer gente que jamás volveré a ver. Me gusta aprender en museos y bailar en bodegas enmohecidas donde corra el riesgo de morir asfixiado por el fogaje y sudor ajeno. Me gusta reírme, y para eso me gusta reunirme con otras personas que vean la vida como la comedia negra que es. Me gusta debatir. Me gusta la moda y observar fotos de ropa durante harto rato. Me gusta Dios, pero también me parece imperativo cuestionar lo que «sé» y me han enseñado acerca de él. Cuando salgo a comer, me gusta ordenar el platillo que nunca antes había probado. Me fascina ir a restaurantes nuevos cada vez que pueda. Me gusta perderme en mi cabeza y crear historias que no siempre sé cómo plasmar en papel. También disfruto yendo al teatro y pasando tiempo a solas en cafés. En las noches me gusta tomar té de menta mientras escucho canciones de alguna banda que desconocía y busco su página de Wikipedia para descubrir si su vocalista principal es ateo, judío, budista, protestante o testigo de Jehová. Me gusta leer varios libros a la vez y escoger el que se me antoje dependiendo del momento. Me gusta leer poesía, pero no mucha. Basta un poema al día. A la poesía hay que dejarla marinar para que se asiente adecuadamente dentro del alma. También me gusta escribir mi versión de poesía. Asesorar profesionalmente a negocios o amistades cuando sea que me lo pidan me hace sentir genial, al igual que jugar al arquitecto de palabras redactando copies creativos o explotarme la cabeza armando estrategias de contenido. Me encanta editar videos que jamás publicaré. Me gustan muchas cosas más, pero ya me dio pereza seguir describiéndolas.

A veces sí toca encerrarse tras una puerta asegurada con cinco candados distintos para enfocarse y terminar un proyecto. Solo espero que mi gen creador nunca se obsesione enfermizamente con una sola cosa porque, ¡qué aburrido!

Tengo demasiadas preguntas y sus respuestas se esconden en muchísimas disciplinas, ciudades, actividades y personas diferentes. Lo que quiero es ir tras las respuestas de todas las que pueda mientras viva. Luego ya toca morirse, y de acuerdo con alguna que otra creencia por ahí, lo que se viene, según el tipo de ser humano imperfecto que hayamos sido en vida, es una eternidad alabando a Dios u otra en la que nos quemamos por siempre. Así que… Ojalá me mantenga con los intereses saltarines por siempre. Hambriento y curioso siempre.

De cualquier forma, reconozco que no existe un único camino ni una respuesta absoluta a mis preguntas. Existen cuantas verdades mi mente pueda procesar. Y eso es lo que me impulsa a dedicarle un poquito de tiempo a cada uno de mis 1,500 intereses. No puedo percibir una vida ensimismada en una sola cosa. Eso es como solo comer pasta con salsa pesto, sabiendo que también hay salsa Alfredo, pomodoro, amatriciana, arrabbiata, napolitana, carbonara, boloñesa, boscaiola, puttanesca, funghi, sorrentina…

Deja un comentario