
En el libro Kafka on the shore del escritor japonés Haruki Murakami, que resulta un enredo colosal loquísimo, hay una parte en la que uno de los personajes llena varias carpetas con hojas en las que ha descrito los detalles de su vida entera.
En un momento definitivo, esta mujer le pide a un hombre que por favor queme las carpetas, puesto que su contenido puede ser perjudicial para muchas personas. Agrega que ha redactado ese resumen con la intención de repasar a detalle el tipo de vida que ha llevado.
— Escribir estas cosas fue importante, ¿verdad? — Pregunta el hombre.
— Sí, lo fue. El proceso de escribirlas lo fue. Aunque el producto final sea inútil — Contesta la mujer.
Mucho de lo que escribo y comparto en mi blog no tiene mayor trascendencia. No me molesta reconocerlo. Es decir, quizá mis textos no sean completas mierdas, pero no cambiarán al mundo de ninguna manera. Puede que estos escritos no sirvan para nada más que para vaciarme, y está bien.
Vaciarse es tan importante como llenarse. Vaciarse, escribir, es una especie de filtro o embudo, una técnica de reprocesamiento que nos pule, despeja y libera. Es como arrojarse a un río y dejarse llevar por la corriente sin mayor preocupación. Con cada coma, punto, tilde y palabra, sanas un poco más. No es milagroso, es científico. Se ha comprobado que el simple hecho de hablar, escribir, sacar las cosas, ayuda.
Cuando escribes te estás despojando físicamente de un peso que antes era intangible. Ahora tiene cuerpo. Está ahí, sobre papel, en forma de letras que has moldeado con tus propios dedos y manos. Has hecho el esfuerzo físico y emocional de extraerte; como sudar al correr; como venirse al tener sexo. Esfuerzo físico = liberación.
Ya no hace falta cargar con el peso de la experiencia o preocupación. Ahora puedes leerla en tu libreta. Incluso podrías arrancar la página del cuaderno y quemarla. O puedes transcribir tu diario y pensamientos banales para luego despojarte de ellos mediante un blog, como hago yo. Así mis embrollos dejan de ser propiedad privada y son transferidos a cualquiera que los lea. Dejan de ser solamente mi problema. Un poco como jugar a la papa caliente.
Escribir es crear espacio para que más y nueva vida pase a través de nosotros.
