
Hace un tiempo entablé conversación con una manicurista cubana en un salón de belleza. ¿Qué hacía yo allí? Trataba de rescatar el aspecto de mis manos y pies antes de irme a la playa con algunos amigos.
Mientras ella trabajaba, yo le preguntaba sobre su vida. Con el tiempo, he comprobado que a las personas, introvertidas y extrovertidas por igual, les urge hablar, drenar. Y mientras más viejos nos ponemos, más necesario se nos hace. Nos basta con un par de orejas atentas, incluso una.
Nunca antes nos habíamos visto, la manicurista y yo. Nunca antes habíamos hablado. Pero mantuvimos una interesante e íntima plática de casi hora y media acerca de muchos temas cuyo orden cronológico ya no recuerdo. Solo conservo en mi memoria algunas de sus frases y líneas sueltas, que ahora compartiré con ustedes.
«Yo soy contadora. Yo era uno de los afortunados con trabajo fijo y muy bien pagado en un hotel en La Habana. Pero si ya las cosas venían bastante mal, la pandemia terminó por matarnos a todos».
«Ahorita mismo no hay ni aceite para cocinar».
«Cuando vivía y trabajaba en Cuba, venía a Panamá para comprar de todo y vender allá. Así hice durante mucho tiempo, hasta que conocí a mi novio panameño y aquí estoy».
«Mi trabajo en Cuba era flexible y yo podía hacer plata extra arreglando uñas. Me especializaba en las acrílicas, que son más caras. Así hacía más dinero».
«Hay clientes que me dicen que nunca irían a pasear en Cuba. ‘No pienso regalarle mi dinero a ese gobierno’, me dicen. Y es verdad. La plata que entra no la ve nadie. Donde te empiece a ir bien y tengas una linda casa, carros y algo más, el gobierno te despoja de todo y se lo lleva. Por eso hay tantos artistas, empresarios y profesionales yéndose ahorita mismo».
«Una vez fui a visitar a mi hijo y estando allá me dijo que quería una manzana. ¿De dónde saco yo una manzana en Cuba? Acá vas al súper y las hay rojas, verdes y anaranjadas».
«Allá la gente se está muriendo de hambre».
«Por lo menos Fidel cumplía lo que prometía. El presidente actual es una burla».
«Mi papá es militar y ya ni él puede justificar el régimen. Trato de no mencionarle el tema porque se le sube la presión. Pero todos sabemos que ese no es el socialismo que tanto se defendía en la revolución».
«La gente lo que quiere es libertad. Poder viajar sin miedo, comprar lo que quieran, ir a donde quieran. En Cuba no hay libertad. Y donde digas algo contrario al gobierno, adiós».
«Pensé irme a los Estados Unidos, pero no estuve dispuesta a separarme de mi hijo y no verle durante, quién sabe, cinco o diez años. Yo, estando aquí en Panamá, ya siento que me estoy perdiendo todo de él, pero por lo menos estoy más cerca, puedo generar dinero, enviarlo y visitarlo de vez en cuando. Era esto o quizá morirme tratando de llegar a Estados Unidos en un barquito».
«Pensábamos que las cosas cambiarían después de la revuelta más reciente que salió en todas las noticias del mundo, pero no. Estuvimos más cerca que antes. El pueblo tenía mucho tiempo de no rebelarse así en contra del gobierno. Varias personas murieron. Es que la gente ya está harta».
«En la televisión cubana transmiten unos programas de cocina que están hechos para quien sea menos para los cubanos. ¿Con qué vamos a preparar esas recetas? La gente dice, ‘bueno, reemplaza tal ingrediente por tal, pero tampoco hay de ese otro. Jajaja».
Cuando le pregunté qué era una de las cosas que más extrañaba de su país, me contestó así:
—¿Alguna vez viste Soul [la película de Disney]?
—Sí —respondí— Es lo máximo.
—Ajá. Bueno, eso: las pequeñas cosas. En la casa donde crecí había un árbol gigante en el centro del patio. Yo me despertaba todos los días, bien tempranito por la mañana, me preparaba mi café y me hacía junto al árbol, a verlo y a estar ahí, con ese olor fresco a nuevo día.
—Riquísimo.
—Acá no tengo eso.
