La gente no solo llega tarde al teatro…

La gente no solo llega tarde al teatro; abren la puerta de su palco, dejando entrar la luz exterior, trastornando la concentración ajena e interrumpiendo el hilo de la historia que tratan de contarnos desde el escenario.

No solo llegan tarde al teatro, sino que sacan sus celulares, encandilando con su luz a todo el mundo alrededor, para tomar fotos y videos de una obra de la que quieren alardear en redes sociales para sentirse qué sé yo cómo.

Luego, tras llegar tarde, dejar entrar la luz exterior a la sala, molestar al público con sus celulares y ponerse a tomar fotos, las publican en Instagram mientras los demás nos vemos sometidos a esperar que terminen de etiquetar al teatro, al cual han llegado tarde, al director de la obra, a quien han irrespetado llegando tarde, y a uno que otro miembro del elenco, conocido suyo, al que también han avergonzado llegando tarde. Por más publicaciones que suban, lo que tienen de cultos lo tienen de puntuales.

Luego, no conformes, los tardíos guardan sus celulares y uno piensa, erróneamente, que puede adentrarse nuevamente en la historia. Pero ahora comentan entre sí algo que les provoca reírse y discuten en voz baja fragmentos de la obra cada vez que no entienden una escena.  

Pero si uno los mira mal o les dice algo, es uno el idiota, grosero e intolerante.

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