Cuando «Running up that hill» me reconquistó

Escuché Running up that hill por primera vez durante el majestuoso espectáculo de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. A Inglaterra le tocaba montar el show y decidieron presumir a toda voz su inmensurable contribución cultural al mundo. El universo entero fue testigo de una megaproducción que incluía a cuanta superestrella británica existía, viva o muerta.

Para ese entonces, Kate Bush ya se había retirado de los escenarios – hace décadas. O sea que la canción no fue interpretada en vivo. La pista sonó desde Londres para el mundo mientras montones de bailarines construían una especie de montaña-pirámide en el centro de un estadio bestial y se proyectaban imágenes en blanco y negro de varios atletas compitiendo (algunos triunfando, otros perdiendo). Hallé el montaje bastante conmovedor.

El daño ya estaba hecho. La melodía del tema se me pegó inmediatamente como el jabón Dove a la piel. Busqué la letra para leerla detenidamente y desde ese momento, Running up that hill se convirtió en uno de los himnos definitivos de mi vida.

Cuando supe que los creadores de la serie Stranger Things habían empleado la canción en uno de los episodios de la cuarta temporada, sentí pánico. Cada quien tiene sus «intocables»: libros, películas, álbumes musicales o canciones altamente significativos para la existencia propia y cuya integridad defendemos a toda costa. En las manos equivocadas, nuestros intocables —que no son nuestros, sino de sus creadores— corren el riesgo de perder su valor. La cosa en realidad no funciona así, pero esa fue mi reacción instantánea.

Dejé de ver Stranger Things después de la segunda temporada. No por alguna razón especial; así soy con las series a veces. Puedo comenzar una en 2018 y terminarla tranquilamente en 2027. Pero empecé a notar que Running up that hill se popularizaba en las redes sociales y quería entender cómo, por qué y cuándo. Me topé con un artículo que atribuía el nuevo éxito del tema a «una escena impactante» de la nueva temporada de Stranger. Así que, naturalmente, decidí que ponerme al día con la serie era mi máxima responsabilidad. Sobre todo, porque debía averiguar cómo habían empleado la canción.  

Volví a ver la segunda temporada para refrescar la memoria, y también pasé por la tercera, que encontré bastante divertida. Finalmente, llegué a la cuarta y escuché el tema al minuto 28.11 del primer episodio. Sabía que era una especie de preludio porque había visto imágenes de la famosa «escena épica» y distinguí que no era esa. Aun así, cuando la escuché, sentí mariposas de emoción y miedo al mismo tiempo. Reconozco que el equipo de Stranger nunca ha decepcionado, en mi humilde opinión, implementando clásicos musicales en sus escenas. Pero este, para mí, no era cualquier clásico. Era EL clásico.

Uno de los núcleos temáticos de la cuarta temporada es la interacción tóxica que a veces mantenemos con lo peor de nuestro pasado. Esa necedad de revivir mentalmente lo que fue una y otra vez, convenciéndonos de que no hay perdón, salida ni vía hacia un mejor presente. Los vestigios de nuestras decisiones equivocadas o situaciones más tristes absorben todo destello de esperanza y, cuando eso sucede, estamos en aprietos.

Mis errores o grandes tristezas pasados han sido los adversarios principales de varias de mis peores batallas. La serie estaba mordiéndome justo en la yugular. Cada episodio presionaba más profundo el dedo sobre mis llagas emocionales. Funcionaban como recordatorios de mis luchas, pero también, a través de ellos, pude reconocer un sentimiento de orgullo propio por el largo camino recorrido.

Finalmente, vi la mítica escena y el momento desvaneció mis miedos esnobistas y superó con creces todas mis expectativas. Quien haya pensado utilizar Running up that hill en ese preciso instante de ese preciso episodio debería ser promovido. De hecho, me pregunto si la temporada entera fue escrita con la canción en mente, ya que la sinergia lograda fue demasiado perfecta.

Para mi total satisfacción, Running up that hill terminó ejerciendo como tema principal de la temporada completa. Los productores de la serie exprimieron el jugo de esos derechos mandando a crear múltiples arreglos musicales que emplearon en otros episodios, incluyendo el final: una película de casi dos horas y media que me hizo llorar un par de veces.

Como siempre digo, al César lo que es del César. El equipo de Stranger sacó la casa por la ventana. La temporada estuvo genial. Pero, sin duda alguna, no hubiera sido lo mismo sin Kate Bush.

Lo único verdaderamente triste de todo esto ha sido encontrarme con reels de personas «twerkiando» al ritmo de Running up that hill para generar likes y views. Me parece una falta de respeto que debiera ser penalizada.

Para terminar, solo quiero agregar una cosita: EDDIE, TE AMO CON LOCURA.

Acá les dejo la canción original y dos covers que me parecen geniales:

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