La historia de venganza detrás de los ángeles semidesnudos en La Antigua

ángel guatemala la antigua benjamín cedeño catedral

«A ese le dicen Zapata, si no la gana, la empata». Este refrán se emplea para describir a una persona que no acepta perder un argumento o que busca la manera de ganar o «empatar» la situación según sus términos y posibilidades.

En una relación amistosa, laboral o sentimental, esa actitud puede resultar tóxica. Pero aplicarla contra bullies resulta un ejemplo de resistencia y resiliencia.

En alguna mínima medida, eso hicieron los indígenas esclavizados oriundos de la actual Guatemala, quienes fueron obligados a trabajar jornadas inhumanas para construir la primera Catedral de La Antigua Guatemala. Porque los colonizadores no sólo te forzaban a desechar tu identidad espiritual para adoptar la suya, sino también a erguir los grandes templos donde lo harías.

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Mi amiga Joseline y su madre educadora, ambas guatemaltecas, con quienes recorrí La Antigua durante un día entero, me contaron que algunos indígenas profanaron secretamente las esculturas a su cargo. En vez de acatar el diseño original, esculpieron un par de ángeles con los faldones abiertos, dejando ver sus canillas y muslos. Cuando los curas y guardias se enteraron, el daño ya estaba hecho y encaramado sobre las enormes pilastras de la iglesia.

Es ingenuo sugerir que los indígenas guatemaltecos ganaron o empataron la barbarie colona esculpiendo ángeles semidesnudos. Pero debió sentirse bien burlarse en la cara de sus opresores. Quizá esa pequeña victoria jocosa, ese fugaz destello de dignidad, les ayudó a soportar tanta locura.

Al menos podían reírse de algo durante las misas, a las que no asistían por voluntad propia. Para sobrellevar todo lo demás, incluyendo la tanda de azotes que seguramente recibieron debido a esta travesura, podían rezar cuantos Padrenuestros quisieran y darse la paz al término de cada servicio.

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