Regalarle a una señora evangélica muy conservadora

Nadie habla de lo difícil que puede ser comprarle un regalo a una señora evangélica muy conservadora como mi mamá. Claro, podrías pensar, «una Biblia». Pero, sin contar la aplicación móvil, ya tiene cuatro: la edición ilustrada; una con lecturas diarias; la que lleva a la iglesia y la de ñapa, por si le pasa algo a las demás el mismo día al mismo tiempo.

Por tanto, lógicamente, recurro a los clásicos: arreglos florales, canastas con frutas y bocadillos tropicales, velas o accesorios. Pasa que entre su cumpleaños, navidad y el día de la madre, agoté esas ideas hace siglos. Se me olvidaba: perfumes, lociones, aceites corporales, cremas y tratamientos en spas o salones de belleza quedan descartados porque su piel siempre encuentra maneras creativas de expresarse mediante alergias, incluso usando productos «orgánicos». Una vez estaba tan desesperado que le compré un delantal con estampado de gatitos.

El día de la madre pasado mi mamá me dijo que su mayor regalo era ver en mí virtudes como la perseverancia y la determinación. Se me aguaron los ojos, pero todos sabemos que no puedo entregarle una tarjeta que diga «ahora también soy más generoso que antes. ¡Feliz cumpleaños!».

«¿Y si le regalo ropa?», suelo preguntarme. Cuando tomo esa difícil decisión, me convierto en el casi inexistente porcentaje de compradores que no contesta a los vendedores «gracias, sólo estoy viendo». Al contrario, cuando un dependiente me ofrece ayuda mi respuesta es: «sí, pero, ¿tienes con qué anotar?». «No se preocupe, dígame», dice la ilusa de turno. «Okey—continúo—Estoy buscando una blusa con mangas largas o cortas, pero que sean largas, ¿me explico? Sin escote, ni de poca o mucha profundidad, de cuello cerrado, sin la pequeña apertura vertical que algunas camisas tienen en la parte trasera donde está el botón de cierre y lo suficientemente amplia para cubrir la cadera. Importantísimo, la tela no puede ser traslúcida ni demasiado ligera. Evitemos el encaje, los textiles que se ciñen al cuerpo y el estampado animal. Ah, que por favor sea de ‘colores vivos como la naturaleza creada por Dios’. Si de casualidad tienen un hábito de monja rosa, me lo llevo».

Este es un gran problema para mí y para la ayudante porque en el trópico sudoroso donde vive mi madre, el instinto de supervivencia exige desnudez. Todo es corto, ombligo afuera, hombros afuera, tetas afuera, piernas afuera, espalda afuera, transparente, de tiritas y hecho con «telas frescas». La mayoría de las opciones son antiseñora-pastora-de-iglesia-evangélica-conservadora-un-tanto-radical.

Después de escuchar todas mis solicitudes, la joven pone cara de WTF y me lleva hacia el fondo de la tienda. Le toma 40 minutos encontrar seis opciones de las cuales elimino cuatro porque no cumplen con alguna de las especificaciones principales. Las otras dos son blusas negras. Repito que no pueden ser de tonos oscuros. La chica me mira cabreada y yo levanto una ceja en señal de «tú solita te metiste en este problema». Seguimos buscando desesperanzados.

«¿Qué tal un chal?», sugiere la muchacha. Pregunto si envuelven para regalo. «Sólo por compras superiores a $30», responde. Salgo de la boutique con dos chales.

Mami, te amo. Eres única ❤️.

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