
«Creo que nunca encontrarás el amor ni podrás ser feliz en pareja porque eres el hijo del pastor y Dios probablemente destruirá cualquier relación que tengas». Eso me dijo un amigo de infancia cuando teníamos 17 o 18 años. Una parte de mí quiso abofetear su mejilla derecha y pedirle la izquierda. Pero la otra parte de mí, la más vulnerable, ingenua y pendeja, le creyó.
Solía asistir a servicios evangélicos tres o más veces por semana. Fui un niño y adolescente muy activo en la iglesia. Ayudaba a organizar eventos, cantaba en el coro, actuaba como Jesús en dramatizaciones bíblicas, predicaba en el culto de niños, recogía las ofrendas, participaba en giras misioneras alrededor del país, etc. Además, ciertamente era el hijo del pastor.
En la misma institución donde forjé varias vértebras positivas y elementales de mi personalidad, también fui adoctrinado para creer un paquete específico de «verdades». Una de las cuales era que moriría e iría al infierno. El discurso que escuchaba en la iglesia me convenció de que mi forma de existir y amar no sólo era errónea, sino asquerosa.
Cuando mi amigo me compartió su opinión no solicitada, sin querer disparó directo al núcleo de todas las mentiras arraigadas profundamente en mí desde niño. «Por supuesto que no merezco amor. Por supuesto que estoy destinado a una vida trágica e infeliz. Por supuesto que las virtudes del amor descritas en I de Corintios 13 no aplican para mí. Estoy condenado».
Creerte indigno de amor es creerte indigno de cualquier bondad: autoestima saludable, éxito, salud, estabilidad, felicidad o que tus oraciones sean escuchadas. Empecé a vivir con la certeza absoluta de que yo era un escarabajo pelotero, pensando que no importaba cuánto amor ofreciera, el retorno siempre serían bolas de estiércol. Acepté vivir revolcado en un lodazal psicológico brutal.
Hasta que toqué fondo. ¡Qué fucking cliché! La vida me abrió los ojos con un blefarostato. Busqué ayuda y empecé a desaprender. Lo cual, para mí, representa y representará siempre un proceso interminable. Pienso que desaprender es evolucionar. Es contradecirse hasta concretar una alternativa de verdad vital acorde a las convicciones propias, que de todas formas, en alguna medida seguirán cambiando o transformándose conforme pase el tiempo.
Desaprender exige el máximo esfuerzo mental y al principio implica hacerse preguntas muy tontas. ¿Por qué Dios se empeñaría en destruir una relación amorosa saludable en vez de fulminar la del «hermano» Pedro que golpea a su esposa o la de la «sierva» Maribel que se acuesta con el diácono Manuel? ¿Por qué Dios, el ser de amor por excelencia, quisiera verme consumido en llamas porque me gusta Pepe? Si todo esto te hace sentido, tu Dios no es mi Dios. No hay bronca. Podemos creer en dioses distintos.
Aunque ya no percibo el comentario de mi amigo como una verdad, creo que las secuelas de sus palabras todavía rondan mi inconsciente. Me asusta enamorarme y evito las citas. Si salgo con alguien, me imagino a un dios hipotético apuntándome con un bastón gigantesco y gritándome avada kedavra mientras el cielo relampaguea.
Pese a la ayuda profesional, al apoyo de personas que me quieren y al trabajo propio, las creencias tóxicas tatuadas en la mente durante la niñez y adolescencia no te abandonan fácilmente. El proceso continúa.
Lo más irónico del asunto es que ahora mi amigo vive felizmente con su novio y probablemente ahora mismo estén viendo una película acurrucaditos mientras yo escribo esta nota. Chistoso, ¿no? *Procede a reír para no llorar*. Evidentemente, la bomba que me lanzó hace más de diez años no fue más que la proyección de sus miedos y creencias, plantados dentro de sí por la misma iglesia que nos unió y traumó. #TraumaBonding.
Sería bueno si algunas iglesias separaran parte de los diezmos y las ofrendas para costearle terapia a los miembros de su congregación. ¿Cuántos dicen amén?
A quien sea que esté leyendo esto: mereces amar y ser amado, pendeje.
La Fundación Relaciones Sanas publicó en Instagram una lista de centros y organizaciones que puedes contactar si tú o alguien que conoces necesita asistencia psicológica. Haz clic AQUÍ para verlo.
