
¿Quién carajo tiene tiempo, dinero y energía para incorporar skincare routines de 22 pasos a su día? Te digo quién no: las personas con vidas ligeramente movidas y sin asistentes, chófer, mayordomo y chef. Además, hablando por mí, aunque pudiera, (1) ¡qué pereza!; (2) dudo que procesos tan tediosos sean sostenibles a través del tiempo; (3) ¡qué pereza!
Escribo esta nota harto de que los medios, las marcas de belleza, los pseudoinfluencers y las celebridades pretendan vendernos quimeras tan descaradamente irreales y consumistas como la sugerida en la portada de esta pieza. Además, es una buena oportunidad para revelar mis «secretos de preservación».
Al menos hasta ahora, siempre me he visto más joven de lo que soy. La gente me pregunta sobre mis trucos para verme menor y algunos me piden enumerar los detalles de mi rutina facial. Un completo extraño me preguntó al respecto en una fiesta. La verdad es que no tengo secretos, pero sí algunas cosas que decir.
Empiezo aclarando que mi cutis tiene muchísimas imperfecciones perceptibles apenas te acercas lo suficiente como para disparar mis alarmas de espacio personal. Por otro lado, creo que la gente me resta años debido a una serie de factores fuera de mi control: mis facciones delicadas, el hecho de ser medio lampiño, la falta de entradas en mi cabellera y mi anatomía, que pareciera haber frenado su rumbo a los 18 años.
Dicho esto…
Secreto-no-secreto #1: mi dermatóloga manda
No recuerdo la última vez que me apliqué un producto sin consultarlo con mi dermatóloga. Ella es la responsable de modificar mi rutina y rotar los productos que uso conforme pasa el tiempo.
Nunca se me ha ocurrido copiar rutinas ajenas ni comprarme el suero que @realmary198x_62 recomienda en Tik Tok sin mandarle a mi doctora una foto del producto para que me diga go for it o DON’T YOU DARE!
Mi dermatóloga me ha ayudado a entender la naturaleza, defectos y virtudes de mi piel. He aprendido que no todos los productos, incluyendo los orgánicos, me benefician. Los que uso fueron escogidos por mi doctora con mi expediente clínico en mano.
Por lo tanto, mi pregunta para ti, persona que preguntó sobre mi rutina facial en plena fiesta, es: ¿cuándo fue la última vez que fuiste al dermatólogo y le preguntaste cómo cuidar mejor de TU piel? Literalmente, así le contesté.
Secreto-no-secreto #2: rutina semisostenible y consistente
Digo semi porque a veces me parece eterna.
Si mi rutina diaria tomara más de 15 minutos, la hubiera abandonado el segundo día de la primera semana. En 10 minutos me lavo la cara con un jabón específico para mi tipo de piel, aplico un bálsamo alrededor de los ojos y me pongo bloqueador contra todos los rayos dañinos imaginables. Por las noches repito, reemplazando el protector por un gel corrector repleto de vitaminas. Aparte, uso una crema humectante si amanezco o anochezco demasiado reseco.
Los días que me afeito los dos pelos que me salen en el rostro, sigo una rutina particular. Involucra el empleo de un gel limpiador en vez de espuma de afeitar. Al finalizar, me rocío un espray esterilizante y me embatumo con una pomada médica que evita infecciones en los poros abiertos. Remato con una crema que alivia el picor—súper importante para no arrancarme la cara rascándome durante la noche.
Ah, también me exfolio y aplico una mascarilla una vez por semana. Eso es todo, y es bastante. Pero lo que hago lo repito disciplinadamente y, en combinación con mi genética, parece rendir frutos (a veces, si no como porquerías). Lo que me lleva al último secreto-no-secreto.
Secreto-No-Secreto #3: genes, cariño
Este «secreto» es decepcionante porque es pura suerte. Más del 50% de mi ADN es africano e indígena. No hace falta agregar más.
Aunque también me hago faciales cuando el salario alcanza, los tres «secretos» de arriba son los que son.
Me vale mil hectáreas de _____ (agregue su obscenidad favorita) lo que digan influencers o celebridades sobre sus rutinas. Su trabajo es ponerse el disfraz del cuidado personal y vendernos todo lo que puedan.
Lo que promocionan no es asequible, accesible ni realista para la mayoría. Ni siquiera mi rutina lo es. La persona promedio no tiene dinero ni tiempo suficientes para copiar rutinas faciales de cinco, diez, quince o fuckines veintidós pasos. Además, ¿en serio todavía creemos que los rostros famosos que vemos en revistas y redes sociales son enteramente resultado de cremitas?
