«La fiesta estuvo buenísima, pero estaba llena de gays»

Ciudad de Panamá, Panamá. Estoy con unos colegas en un café. Llegan dos amigos suyos. Se sientan en nuestra mesa. Mis compañeros de trabajo les preguntan cómo estuvo la fiesta a la que fueron la noche anterior. «Estuvo buenísima, pero estaba llena de gays», contesta uno de ellos. «Aja», dice el otro asintiendo con la cabeza. Mis colegas responden «ah, ya». La fiesta en cuestión era de música house.

La vida es cansona, por lo que he aprendido a escoger mis batallas depediendo del día, la hora y de mi estado anímico. Ese momento no era el indicado para desatar mi ira ni educar a nadie.

«Es que, no sé, ahora ‘la party‘ se llena de puros gays y raritos», se explayaron los dos yeyesitos (pijos, sifrinos, etc.) que, para rematar el cliché, eran hombres blancos y, asumo, heterosexuales.

Si ese combo piensa así, seguramente no sean los únicos. Se incomodan porque, según ellos, hay mucha gente queer a su alrededor en una fiesta electrónica, ignorando por completo que, en gran medida, el origen de la música dance es queer, además de negro y pobre.

Esos dos no hubieran sobrevivido la era disco, cuando Bowie y Jagger bailaban codo a codo con drag queens y «raritos» del Bronx o Harlem en Studio 54. Probablemente el bouncer ni siquiera los hubiese dejado entrar.

La cuestión es que muchos de los pioneros del género y tantos otros subgéneros dance, incluyendo el house, eran queer y provenían de barrios marginados. Los clubes donde sometían a prueba sus novedosas fusiones sónicas eran frecuentados por homosexuales, afroamericanos, afrolatinos y freaks cuyos cuerpos dieron forma a la nueva música.

Basta con una simple búsqueda en ChatGPT, Google o YouTube para encontrar el trabajo investigativo que secunda lo que afirmo mediante un sinfín de documentales, artículos de prensa y libros, algunos disponibles gratuitamente.

La escena dance debería ser el microuniverso musical inclusivo por excelencia. Si te altera compartir la pista de baile con miembros de comunidades minoritarias que son los herederos y embajadores socioculturales e históricos del género dance—aunque para nada los únicos—por favor no vengas al «party«. Sobran tu vibra tóxica, tus malas caras, tus comentarios discriminatorios y tu polo Ralph Lauren combinado trágicamente con mocasines CH.

Lo que ves y te cabrea es una reconquista de espacio impulsada por un grupo de personas que ya no invertirá energía pretendiendo, escondiéndose ni pidiendo permiso; un colectivo que siempre ha estado en la primera línea de batalla, frente al DJ, ensanchando los límites del género y multiplicándole la vida.

El Cangrejo Radio lo ha entendido bien desde que abrió puertas. Sin miedo—o quizá a pesar de él—en un país machista, clasista, homófobo y donde la doble moral es la norma, ese pequeño templo del baile ha honrado el aporte de la comunidad LGBTQIA+ a la cultura dance. Los propietarios del local lo demuestran con acciones: prestando regularmente sus decks a talento abiertamente queer y procurando un espacio seguro y libre de juicios donde ser—no sólo a gente queer, sino a cualquier persona del color, forma y estrato que sean.

Mientras tanto, otros empresarios de la escena llevan décadas lucrando del famoso dólar rosado y ni siquiera se atreven a pronunciarse durante Pride.

Evidentemente, también urgen más clubes y bares LGBTQIA+ a lo largo y ancho de Panamá. Es inconcebible que sólo existan un par en toda la capital. Pero ese es otro asunto que implica una serie de temas culturales, económicos, burocráticos y políticos.

Si te sientes aludido por esta nota, sería saludable preguntarte por qué te perturba la existencia destapada de personas no heterosexuales. Probablemente te disgusta ver a dos mujeres besarse y ni siquiera entiendas la razón. Es posible que seas heredero de la homofobia religiosa y generacional que flota a tu alrededor o que simplemente seas un homófobo de corazón. En tal caso, recalco lo que dice Willy de Cultura Profética en una de sus canciones: «todo miedo esconde un deseo». Analiza si tu homofobia es un caso de autonegación.

A lo mejor, lo que te trastorna es la gente diferente, los «raritos», que se visten y expresan desobedeciendo los preceptos sociales tradicionales. Si es así, lamento informarte que tal vez la escena musical house (o electrónica) no sea para ti.

Donde suene un tuku-tuku, donde se escuche un «dale, dale, dale», siempre ha habido y siempre habrá gente queer y freaks. Deja el show. Si tienes un problema con eso, mira para adentro. Pero desde tu casa, por favor.

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