
Agosto o septiembre de 2022, dos semanas antes de mudarme a España.
El tiempo ni camina ni vuela. No existe. Es una ilusión y nuestro primer y más importante comandante. Ni nos limita ni se cree generoso. Es lo que es. Es una invención, es ficción. También es lo único verdadero en la vida. Lo único real es que el tiempo es más escurridizo que el agua, que sólo podemos verle a través de arrugas y sabiduría.
Hace dos años estaba allá, ahora estoy acá y pasado mañana estaré a miles de kilómetros de todo y nada, del reinicio. Me siento tranquilo entre el caos controlado de estos días tan efímeros y especiales.
Me siento en armonía con toda la locura a mi alrededor. Nunca antes mi mundo se había movido tan rápido, mas acepto esta realidad como lo único que podría estar viviendo en este instante.
Todo lo que hice antes, lo que dejé de hacer o nunca emprendí, todo eso me trajo a este momento. Mi vida cambiará. Puedo sentirlo, puedo reconocerlo en mi pellejo—adentro. La verdad corre como la sangre. Estoy listo. Acepto la responsabilidad del cambio.
