Diario: correr las cortinas

En el trópico no se habla mucho sobre depresión estacional porque pocos conocen de qué va. Aquí hay sol o lluvia, y sol con lluvia, y llueve con sol y se casan dos viejos. Y se puede derramar el cielo y estancarse en las calles, pero igual vamos camino a la playa. Porque nos hemos acostumbrado a que, tarde o temprano, la luz saldrá.

El Santo de Venus

Tu susurro escondido en el viento calma los corazones que esperaban milagros que no se cumplieron. Mandaste ángeles a consolarnos, pero no tienen alas ni se parecen a nosotros. Son troncos de árboles con las ramas abiertas, esperando que nos acerquemos a meter entre sus ranuras las oraciones que no llegan hasta el cielo por el ruido de los carros.

Cuéntame de arriba

¿A qué huele el cielo y quién se encarga de reemplazar el aceite esencial del difusor? ¿Qué flores exóticas hay ahí? Susúrrame los secretos celestiales. Ya me conoces: quiero saberlo todo.

Diario: la muerte dijo «toc, toc»

¿Cómo es posible? Nadie lo sabe, pero lo logramos. Avanzamos con las manos magulladas y los cuerpos hinchados, con la sangre infectada y el dolor acumulado por todas las oraciones que nunca elevamos.

Diario: oración antes de Madrid

Sé que ha llegado el momento de ser y hacer. Con o sin pena. Con o sin miedos—que nunca se esfumarán. El momento es ahora. Estoy listo para hacer el trabajo.