Diario: correr las cortinas

En el trópico no se habla mucho sobre depresión estacional porque pocos conocen de qué va. Aquí hay sol o lluvia, y sol con lluvia, y llueve con sol y se casan dos viejos. Y se puede derramar el cielo y estancarse en las calles, pero igual vamos camino a la playa. Porque nos hemos acostumbrado a que, tarde o temprano, la luz saldrá.

El Santo de Venus

Tu susurro escondido en el viento calma los corazones que esperaban milagros que no se cumplieron. Mandaste ángeles a consolarnos, pero no tienen alas ni se parecen a nosotros. Son troncos de árboles con las ramas abiertas, esperando que nos acerquemos a meter entre sus ranuras las oraciones que no llegan hasta el cielo por el ruido de los carros.

Cuéntame de arriba

¿A qué huele el cielo y quién se encarga de reemplazar el aceite esencial del difusor? ¿Qué flores exóticas hay ahí? Susúrrame los secretos celestiales. Ya me conoces: quiero saberlo todo.

Diario: la muerte dijo «toc, toc»

¿Cómo es posible? Nadie lo sabe, pero lo logramos. Avanzamos con las manos magulladas y los cuerpos hinchados, con la sangre infectada y el dolor acumulado por todas las oraciones que nunca elevamos.

Diario: «me dejé caer sabiendo que caería»

Toda meta requiere sacrificios, sí. Pero mi tendencia es exagerar y redoblar innecesariamente mi cuota de sacrificio, lo que me lleva a extremos donde mi salud suele quedar relegada a la cuarta, quinta o sexta posición en mi lista de prioridades. Error.