"Creo que nunca encontrarás el amor ni podrás ser feliz en pareja porque eres el hijo del pastor y Dios probablemente destruirá cualquier relación en la que estés". Eso me dijo una amiga de infancia cuando teníamos 17 o 18 años. Justo regresábamos de la iglesia. Ese fue uno de los últimos domingos que fui. Su comentario marcó la mayor parte de la siguiente década de mi vida.

