Diario: «me dejé caer sabiendo que caería»

Toda meta requiere sacrificios, sí. Pero mi tendencia es exagerar y redoblar innecesariamente mi cuota de sacrificio, lo que me lleva a extremos donde mi salud suele quedar relegada a la cuarta, quinta o sexta posición en mi lista de prioridades. Error.

Un homosexual creyente

En medio de ese conflicto interno, apareció una señal inesperada durante un viaje a París. Entré por curiosidad a una librería y, recorriendo los pasillos, el nombre de un libro llamó mi atención: The Koran and the Flesh (El Corán y la carne, en español), de Ludovic-Mohamed Zahed.

«Después de leer todas estas cosas, ¿quién querrá trabajar contigo?»

Para explicar mejor la función que cumple este blog en mi vida, se me ocurre remontarme al período de la peste negra, durante la Edad Media. En aquel entonces, los doctores no sabían cómo enfrentarse a esa enfermedad, que acabaría por exterminar a la mitad de Europa.

¿Será el sabor del mar?

Soy rígido, pero la corriente del agua me mueve a su antojo. En sus brazos pierdo el control que tanto anhelo. No soy nada ante el poderío del océano, siempre dispuesto a recordarme que le pertenezco, que soy su marioneta. Y disfruto saberlo, porque me hace descansar de mí mismo.

Diario: «mente inmamable a las 3:00 a.m.»

Mi mente me mantiene despierto a las tres de la madrugada pensando en todo este sinsentido. No hay tregua. Vivo entre el agradecimiento y la alegría de la vida, y la ansiedad y obsesiones de mi cabeza. Vivo y no vivo. Vivo a pesar de. Así he sido desde niño. Lo importante es que nada de esa mierda me nubla totalmente.