Visité Chile cuando tenía 23 o 24 años. Parte de mi familia y yo pasamos una noche en Santiago y a la mañana siguiente volamos hacia el sur del sur, hasta Punta Arenas. Viviríamos varios días mágicos dentro y fuera de Chile continental, pero quizá lo que más me impresionó del viaje fue la mujer sentada junto a nuestra mesa en un restaurante.

