Viernes santo bendito

Prepararse un rico desayuno, porque hay tiempo.
Hacerse café.
Sentarse a comerse y tomarse todo viendo un corto-documental a medias porque nos quedamos dormidos en el sofá, que es reclinable, con la luz del sol entrando por la ventana. Ni la cafeína pudo luchar contra la paz de esta mañana tranquila, silenciosa y libre de trabajo, una de las pocas ventajas del estado laico-católico panameño.
Despertarse tras una breve siesta de siete minutos y mirar directo hacia la luz. Sonreír porque la luz es vida y alegría y hoy brilla más por ser feriado.
Reanudar el corto, terminarse el café.
Fregar los trastos sin el apuro cotidiano.
Secarse las manos mientras caminamos por la terraza trasera y vemos a dos gatos descansando cómodamente, uno acostado sobre la mesita de noche vieja que ya no usamos y el otro recostando su cabeza encima de unas sandalias rojas desgastadas. La brisa sopla a través de la verja que rodea la terraza y el segundo felino estira sus patas, expandiendo y separando cada uno de sus dedos cubiertos de pelaje naranja y blanco por arriba y de tejido rosa por abajo. Luego retoma su posición inicial y continúa durmiendo. Un pájaro, cuyo nombre desconozco, canta para ellos. Y para mí. Y para los vecinos, crean o no en que el hijo de Dios se hizo hombre para morir por nuestros pecados.

2 comentarios sobre “Viernes santo bendito

Replica a Darlene Cancelar la respuesta