Diario: 18 de agosto de 2016

No sé amar de la forma en que la gente considera que se debería: con la boca. Diciendo “te amo” a diestra y siniestra, como si fuera un “buenos días”. A veces, cuando intento enunciar un “te quiero” en dirección a un familiar o amigo, una inmensa y gruesa pared de granito imaginaria se yergue desde el suelo, posicionándose entre el cuerpo de esa persona y el mío.

Las palabras las barre el viento, pero, ¿y las acciones? ¿Esas no cuentan? Yo amo como me gusta que me amen: con hechos. La gente debería cerrar los oídos y abrir los ojos. ¿Valen más los pequeños detalles o las palabras, tan fáciles de articular? ¿Cuenta más un “te quiero” a un “te hice café como te gusta, con una de azúcar y dos de leche”?

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