
25 de abril de 2022
Esta mañana, entre el libro y la libreta, he escogido la libreta. Lo cual no significa absolutamente nada. Sólo quiere decir que, en vez de perder el tiempo leyendo mientras me tomo el primer café del día, lo perderé escribiendo estas líneas, que no provocarán cambio alguno en el mundo. Es un mero pasatiempo, una manera de dejar correr el reloj sin estar tan pendiente de cada segundo.
Lo lindo de este momento es que lo acompaño con un café que me quedó maravilloso. Los rayos de luz entran por la ventana de mi recámara en pleno abril lluvioso y una de mis gatas, la más gordita y, por ende, la más adorable, ha decidido tomar un baño de sol sobre mi escritorio, ubicado justo en frente de la poltrona donde estoy sentado.
La posición de mi gata emula la de una esfinge egipcia prolija, recién esculpida. Su postura es la perfección misma, la que nunca podré alcanzar en nada que emprenda, por más que me obsesione con ello. Porque la perfección de las cosas, más allá de las poses felinas, no existe.
