
Miércoles 27 de noviembre de 2024
Hoy nada me robará la calma. Lo he decidido. Nada. A pesar de que, de hecho, sí hay algo pululando intensamente mi mente, no permitiré que me estorbe. No cederé. No se me pega la gana.
Hoy seré inflexible con mi calma, serenidad, tranquilidad y demás sinónimos.
Hoy nada me moverá—aunque sí.
Hoy nada me volteará—aunque sí.
No sé mañana.
Pero hoy no.
Pocas veces me he sentido tan decidido y determinado. Finalmente aprendí a reconocer cuando mi mente me necesita. Y la quiero escuchar, la quiero rescatar. Se me antoja tratarla bien, ser respetuoso con ella.
La verdad es que, aunque a veces mi entorno quiera convencerme de lo contrario, el mundo no se acabará y nadie morirá si no respondo o reacciono de inmediato a los constantes estímulos exasperantes que la vida arroja.
El universo seguirá su rumbo me estrese más, menos o nada en absoluto. Conocer esta innegable verdad no me previene ansiedades. Sin embargo, hoy, todo el éxtasis innecesario del mundo me resbala.
¡CHUCHA MADRE!
Se sintió bien ese suspiro.
