
Estoy en compañía de la incertidumbre, mi fiel y vieja amiga. La comarada de cualquier ser humano que se declare vivo sobre el planeta.
Yo me creo muy especial y, sin duda, pienso que soy uno de sus sujetos de estudio favoritos. Siento que siempre anda experimentando conmigo, mandándome pruebas de diferentes niveles para ver cómo caigo, cuándo reacciono o si me levanto y continúo.
Ahora mismo la siento cerca—a la incertidumbre, claro. Me respira en la nuca y tiene mal aliento.
No me encuentro, en lo absoluto, en una situación deseada, pero, ya sabemos, chicos, es lo que hay. Sin embargo, veo este escenario como una oportunidad para manejar la incertidumbre mejor que antes, cuando me ha ganado cinco goles por cero.
Estoy oficialmente libre de contratos laborales. No tengo ni un solo cliente en este momento. No me ocurre a menudo, pero cuando sucede, me vuelvo un poco loco. Al ser independiente, pienso erróneamente que concretar nuevos proyectos depende únicamente de mí. Pero no es del todo cierto. También depende de la vida. Mi corazón lo sabe, aunque mi mente se niega a aceptarlo.
Mi mente insiste en que la única salida es estresarme. Olvido que tengo experiencia y que mi trayectoria profesional me precede. Paso por alto que conozco a mucha gente. Ignoro que no está mal tomar vacaciones forzadas de vez en cuando. La angustia capitalista se me mete por los ojos y aterra a mi cerebro, que siempre vive a mil, el pobre (no sé hasta cuándo aguantará).
No puedo evitar el estrés, pero estoy intentando lidiar mejor con mi inquietud, repitiéndome una y otra vez todo lo que acabo de recordar, mientras acciono y espero al mismo tiempo.
[Justo ahora mismo, una chica se me ha quedado viendo. Ha sido muy obvio, así que la miré. La mujer sonrió y me dijo: –Disculpa, es que tienes una letra muy bonita. Le respondí que gracias, pero que no era cierto. –Tú disculpa, soy una cotilla –contestó. No sé bien qué significa «cotilla» en este contexto, pero supongo que puede ser un sinónimo de metiche].
A eso le llamo estresarme y llevar mi incertidumbre mejor. No me exijan más. No por ahora. Quizá en cinco años aprenda nuevas técnicas. Por ahora manejo esta y me funciona relativamente bien.
[La música del café donde estoy escribiendo es muy agradable. Es dramática y melancólica, como yo. Son violines y chelos que me ayudan a escribir fluidamente. De niño quería aprender a tocar el violín, pero no había dinero para eso, en teoría. Sí había presupuesto para que mi hermano practicara deportes, pero no para que yo tomara lecciones de violín. Siempre supe, aún siendo niño, que nunca fue una cuestión de plata].
En otras noticias, el verano en Madrid, como siempre, está insoportable. Para escapar del verano y de la vida, mato tiempo en el cine. Ahí quiero estar siempre. Quisiera morir en el cine. Mi trabajo ideal sería uno que me permitiera ver películas y luego hablar de ellas a la gente.
Como ese no es mi trabajo actual—todavía—, de todas formas lo hago a través de mis redes sociales. Hay cosas que aún no me atrevo a intentar allí, pero ya aprendí que, tarde o temprano, termino haciéndolas a pesar del miedo. Esa es una cualidad ambivalente: atreverse a pesar del miedo. Puede llevarte a la perdición o a la gloria; todo depende de cómo decidas emplearla.
Ayer vi una película inspirada en la vida de un doctor gallego que dejó todo para atender a su pueblo durante la gripe española. La película me recordó a mi mamá porque ella solamente ve películas basadas en hechos reales. Dice que, de lo contrario, ¿para qué? Siempre le digo que todas las películas están inspiradas en la vida real, pero no me hace caso.
El cine, para mí, es un oráculo. Además, si una historia «ficticia» se escribe, produce y filma, se convierte en realidad. La no ficción no existe. El cine está vivo. Cuando entras a la sala, la única verdad es lo que se proyecta en pantalla. El cine es un evento real, con características tangibles e intangibles.
Este es mi último trago de café y la última bocanada de pastel. Pagaré la cuenta y cruzaré al cine para ver una película, otra de las técnicas que empleo cuando necesito apaciguar mis preocupaciones.
