La vida tiene sus maneras

Cuando nació mi sobrina, yo estaba cocinando algo en mi apartamento. Mi papá llamó para avisarme. Actué feliz, pero en realidad experimenté una sensación agridulce tremenda: unas ganas de mandar a la mierda lo que me tenía en España y tomar el primer vuelo de vuelta a Panamá.

Diario: concierto de pajaritos

Subestimé vivir al lado de un parque en Ciudad de Panamá y que su núcleo fuese un fructífero y viejo árbol poblado de aves en las mañanas y de murciélagos por las noches. También di por sentados la brisa tropical y la luz del sol panameño, que aviva potentemente el espíritu.

Diario: ¡Yei, 2025!

Primer día del año, me lo recuerda el calendario de mi computadora y lo que pienso es: "aquí vamos de nuevo".

La viajera solitaria (según yo)

Visité Chile cuando tenía 23 o 24 años. Parte de mi familia y yo pasamos una noche en Santiago y a la mañana siguiente volamos hacia el sur del sur, hasta Punta Arenas. Viviríamos varios días mágicos dentro y fuera de Chile continental, pero quizá lo que más me impresionó del viaje fue la mujer sentada junto a nuestra mesa en un restaurante. 

Me quedarán sus cartas

Cuando mi mamá no esté, podré encontrarla en su escritura física. Podré abrazar las cartas que me regaló en cada cumpleaños o al irme de Panamá a otros países. Como la carta en la foto de portada, sellada con calcomanías de corazones. "Léela cuando estés en el avión. Ni antes ni después", dijo al entregármela.