El olor de la mañana

Boca abierta, piernas desparramadas, almohadas ausentes en la cama. Me despierto primero y me aviento al árido desierto de tus labios agrietados.

Si mi beso no te alcanza tras el alba, buscas de reojo la estela de mi amor, el primer perfume del día: intimidad exenta de cobardía.

Fragancia densa; prueba de que anoche competimos contra el viento y vencimos desatando el estruendo más violento.

Ya no nos asfixia el torpe velo de la timidez. El aroma del beso precoz encomendado por el sol poco a poco excluye de nuestro trato la rigidez.

Boca abierta, piernas desparramadas, almohadas ausentes en la cama. Ella se despierta primero y se avienta al árido desierto de sus labios agrietados.

Si su beso no lo alcanza tras el alba, él busca de reojo la estela de su amor, el primer perfume del día: intimidad exenta de cobardía.

Fragancia densa; prueba de que anoche compitieron contra el viento y vencieron desatando el estruendo más violento.

Ya no les asfixia el torpe velo de la timidez, el aroma del beso precoz encomendado por el sol poco a poco excluye de su trato la rigidez.

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