Diario: mar embotellado

Martes 12 de agosto de 2025

Las inseguridades son recordatorios de heridas abiertas. No deben ser tomadas demasiado en serio ni consideradas determinantes. No deben detener nuestro camino hacia la meta. Solo son pequeños obstáculos en el camino, que en nada se comparan con las dificultades más grandes que tendremos que enfrentar.

Las inseguridades son pequeñas molestias, a veces incomodidades tontas.

Por supuesto, hoy, que estoy frente al hermoso, majestuoso y poderoso mar, me permito percibir las inseguridades de esta forma. La historia cambia un poco cuando me toca encararlas en mi día a día, que ahora mismo no incluye estas piedras coloridas sobre las que estoy sentado ni esa agua salada y fría en la que nado, deliciosamente contrastada por el calor del sol.

En mi cotidianidad, las cosas—inseguridades incluidas—dan un poco más de miedo y resultan un poco más dramáticas. En mi rutina, todo parece más grande de lo que realmente es, porque suelo llevar las cosas al extremo.

La clave, supongo, es saber cómo embotellar esta mentalidad que nace frente al mar para poder beber de ella cuando esté encerrado entre las cuatro paredes que limitan mi cuarto. Tengo que lograr viajar a todos lados con un poco de océano embotellado.

Gracias, mar, por recordarme que las inseguridades son granos de arena en la playa de la vida. No son más que realidades minimizadas que debemos tragarnos con facilidad, como si fueran pequeñas píldoras, y seguir adelante.

Cada día me enamoro más de Brighton. No sé si es un enamoramiento forzado porque mi amigo vive muy cerca de esta ciudad y la visitamos seguido o si es porque realmente me gusta estar aquí. Probablemente sea una combinación de ambas.

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