
En el alba de la mañana siento tu olor. Juro por Dios que puedo escuchar tus pasos, como si todavía estuvieras aquí, en este planeta tumultuoso, pero tan bello.
Me pregunto si donde estás realmente ya no hay dolor. Me pregunto si, cuando muera y suba, también subirán conmigo todos mis problemas estomacales. ¿De qué está hecho el más allá? ¿Qué se hace cuando se te escurre por los dedos la eternidad que creó las mil galaxias que adornan el cielo donde vives?
¿Es verdad que, todo el día, todos los días, solamente alaban al creador? No quisiera ser yo quien lo diga en voz alta, pero—lo siento—la idea no me entusiasma. Prefiero descansar sobre la cama negra del Pacífico y dormir para siempre escuchando al mar revolcarse contra las rocas, a los cangrejitos salir de la arena y a las conchas romperse con las pisadas de los niños que juegan alrededor de un cuerpo que ya no puede ver nadie. Aunque espero que sí lo puedan sentir quienes me queden.
¿Es verdad que allá arriba no reconoces quién fuiste ni a tu familia, ni te encuentras con las mascotas que tanto amaste en la Tierra? Cuéntame, por favor. En el cielo que imagino viven conmigo todos los gatos que amé y que los vecinos envenenaron. Con la diferencia de que, en la nube donde todos flotamos juntos, no tengo que limpiar el arenero.
¿Donde estás hace frío? ¿Cómo es el clima en la planicie celestial? Si en el infierno te quemas, ¿en el cielo te congelas? ¿A qué temperatura tienen el aire acondicionado? Si te da mucho frío, ¿puedes pedirle a un ángel que te abrace con sus alas? ¿Los ángeles tienen alas? ¿Acaso vuelan? ¿Acaso existen? ¿El cielo grita, llora o canta?
Volviendo a los ángeles: ¿saben hablar? ¿Hay alguno que te caiga bien? ¿Alguno vanidoso que se jacte de su belleza?
Visítame en sueños y cuéntame qué comes en el cielo. ¿Qué sirven en esos grandes banquetes que narra el Libro de la Vida? ¿Cuál apóstol es el chef? Me gusta mucho el sushi. Supongo que el menú es multicultural, considerando que donde estás hay gente de todas partes del mundo. Avísame si no hay sushi, para empacar tu rollo favorito y subirlo.
¿La leyenda del infierno es real? ¿Es cierto que envían gente a quemarse para siempre? ¿Qué has escuchado o visto al respecto? A mí me parece raro, ya tú sabrás. Pero es que… no sé, el amor divino no tiene límites. ¿La misericordia sí? Yo no puedo ser más empático que la energía suprema que controla el universo.
¿A qué huele el cielo y quién se encarga de reemplazar el aceite esencial del difusor? ¿Qué flores exóticas hay ahí? Susúrrame los secretos celestiales. Ya me conoces: quiero saberlo todo.
¿Estás bien? ¿Estás cómodo? ¿Te aburres? Dime si el cielo solo está lleno de santos. Dime si tengo esperanzas de verte. ¿Qué extrañas de abajo cuando estás arriba?
Anda, cuéntame.
